miércoles, 20 de noviembre de 2024

 Uso de pantallas.

Llevo años en la enseñanza. En primera línea.  Puedo dar mi opinión de manera experimentada, fiable y, les aseguro, que muy reflexiva sobre cómo han cambiado las nuevas promociones en relación a su actitud y disposición frente a los aprendizaje.

Las pantallas están afectando al vínculo interaccional de los niños con los adultos. El apego es la base del aprendizaje social, el motor que vincula que hace posible la adquisición del lenguaje verbal y no verbal. La mirada frontal,  el juego de gestos y sonidos, el ritmo de los primeros arrullos, las primeras canciones de cuna. Un poco mas adelante el lenguaje verbal, el ensayo con las primeras palabras, la intención comunicativa. El niño abriéndose a un mundo de palabras que configuraban su pensamiento y que potencian, a la vez, toda su madurez neurológica.

Las pantallas creo que están acabando con la palabra. Los sentidos del niño quedan atrapados por la imagen en movimiento y el sonido de fondo. Bebes enganchados a la pantalla de un móvil. Disminuyen la interacción social, la posibilidad de ensayo con el lenguaje verbal, las conversaciones, la mirada social. Imagino que las conexiones cerebrales que antes se desarrollaban desde los vínculos sociales y la palabra ahora están produciendo nuevas conexiones cerebrales que provocan diferentes maneras de aprender y nuevos retos para la escuela pues los individuos que aprenden por pantallas  poco a poco conformaran un  mundo diferente.

En este proceso de cambio estamos y es necesario reflexionar si es para bien o para mal. Esta digitalización agresiva y forzada que vivimos en la escuela no ayuda a profundizar en las consecuencias que puede tener para una generación entera de individuos que pretendemos formar como ciudadanos críticos, comprometidos, creativos y emprendedores.

A nuestra escuela están llegando discentes con muchas horas de pantalla, con poco lenguaje, con mínima capacidad de atención, con dificultades de adaptación al entorno escolar, con falta de habilidades sociales. Es conocido el efecto de las pantallas en los niños, les atraen, les enganchan, les paralizan. Lo difícil llega cuando se las quitas, un efecto rebote para la mente que se tiene que adaptar de nuevo a la escucha, a la atención, a la espera de los otros, a la existencia de los otros. 

Cantidad de estudios hablan de la necesidad de recuperar la palabra, de abandonar las pantallas en edades tempranas, de aprender con las manos, de escribir, de escuchar a otros, de mantener miradas, de interaccionar con personas, de jugar, de mancharse, de sentir...¿Significa esto que los niños no pueden ver un ordenador en toda su etapa educativa? Desde luego que la escuela puede abrirles al mundo digital, pero en edades en las que ese aprendizaje no perjudique otros esenciales y básicos que van a sostener que en un futuro las pantallas sean para ellos un recurso y no sus cerebros ni sus amigas. 

He vivido este cambio de paradigma. Mi mente analógica ha sido capaz de afrontar retos con las nuevas tecnologías y los he superado. Creo que deberíamos afrontar la enseñanza de las nuevas tecnologías en etapas educativas más avanzadas. Las pantallas han invadido los hogares y las escuelas. Sin reflexión ninguna  y sin